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Historia de la entidad

Corría el mes de febrero de 1981 cuando, durante la misa vespertina correspondiente a la celebración de la Purificación de la Virgen en la Iglesia de San Roque, José Luis Gil Siles sintió una voz interior que por espacio de unos minutos repetía: “Quiero estar en Sabadell”. Una voz que volvió a sentir aquella misma noche. A la mañana siguiente, José Luis se lo comentó a dos paisanos, Antonio Alba y Manuel Medina, a quienes preguntó que les parecería poner un altar de la Virgen en Sabadell, concretamente en el barrio de Can Puiggener, donde vivían desde hacía veinte años. Ambos acogieron la propuesta con mucho entusiasmo.

Esa misma tarde, sin poder contenerse, José Luis le trasladó su inquietud al párroco, Ángel González. Éste le contestó que si la idea eran imaginaciones suyas no le parecía bien. Pero la voz se repitió varias noches más, y José Luis comentaba la idea del altar con muchos otros archidoneses, y muchos de ellos derramaban lágrimas ante la idea de tener en el barrio a la Virgen de Gracia. José Luis no se dio por vencido, y volvió a hablar con el párroco para decirle que muchas personas del barrio estaban ilusionadas con la idea de que viniera la Virgen de Archidona al barrio. Después de un titubeo, decidió que si ellos lo querían así, miraría de ofrecer un lugar en la parroquia para tal fin.

Desde ese momento, José Luis Gil Siles comenzó a pensar en cómo llevar a cabo tal ilusión y cómo reunir la cantidad de dinero suficiente para asumir los gastos que conllevaría. En uno de esos días, en casa del fotógrafo Peláez, José Luis vio un cuadro al óleo del rey Juan Carlos I, preguntó por el autor del mismo y cuánto podría costarle un cuadro así de la Virgen. El fotógrafo respondió que podría costar unas diez o doce mil pesetas, pero que el pintor era muy bueno y que por dinero no habría problema.

El fotógrafo, al parecer por iniciativa propia, se lo comentó al artista, José Antonio Galán Vázquez, natural de Sevilla. Galán, por voluntad propia, se dirigió al alcalde de Archidona, José Luis Solís, quien le mandó una foto de la Virgen y se autoinvitó a la bendición del altar. Cuando José Luis supo de estos movimientos, se dirigió al domicilio del pintor para decirle que no le parecía bien que hubiera actuado por su cuenta y haber contactado con el pueblo de Archidona para hablar de una idea que no era suya y que aún estaba siendo sopesada su puesta en marcha. Pero cuando José Luis vio cómo iba el cuadro de la Virgen, lo único que pudo decirle fue “Adelante”. Tras un lapsus, preguntó cuánto le costaría una vez terminado, y José Antonio Galán Vázquez le dijo que unas veinte mil pesetas.

Después de mucho hablar con su esposa, José Luis llegó a la conclusión que lo mejor era poner una mesa altar con una cortina color grana de fondo, cogida en la parte superior por una moldura dorada. Se necesitaban dos floreros y unos candelabros eléctricos, más los manteles, además de algo para la fiesta que se montará con motivo de la bendición del nuevo altar. Las aportaciones para sufragar estos gastos fueron recogidas puerta por puerta de casa de los paisanos que vivían en Sabadell, aunque no de todos.

Estas limosnas oscilaron entre 15 y 3.000 pesetas, ya hasta la mañana en que sería bendecido el altar se habían reunido 67.000 pesetas. Una vez contados los gastos se sumaron 68.000 pesetas, por lo que faltaban 1.000 pesetas. Pero los dueños de un bar del barrio, los hermanos Borrego, llegaron diciendo que una señora, Dolores Rey, les había dejado 1.000 pesetas para la Virgen. Es decir, antes de entronizarse la Virgen se cubrieron todos los gastos. Todo fue obra de la Santísima Virgen y su voluntad por estar aquí. Ese mismo día se repartieron estampas como recuerdo. Junto a ellas se colocó una bandeja en la que se recogieron 19.529 pesetas, cantidad que coincidió con lo presupuestado para la Banda de Música que vino a tocar en ese acto, el lampadario, las estampas y la pensión de algunos visitantes.

 La bendición del altar

El 3 de mayo de 1981 se bendijo el altar, en compañía de nuestros paisanos, unos del lugar y otros venidos expresamente desde Archidona para la celebración. En total, éramos unos 3.000 asistentes procedentes de distintos puntos de Catalunya. El altar se situó en la parte izquierda de la iglesia, después del permiso del párroco. Además, se creó una junta directiva provisional de la cofradía, compuesta por José Luis Gil como Hermano Mayor, Salvador López Rey y Antonio Torres Torres como tesoreros, Antonio Jiménez Espejo como albacea, Rafael Mora Casado y Luis Pacheco como tesoreros, María Ramírez y Dolores Rey Aranda como camareras, y como acuerdo extraordinario se nombraron a Gracia Casado e Isidora Galeote como Hermanas Mayores de honor, ambas mayores de 80 años.


La Romería

En el primer aniversario se acordó reunir de nuevo a los paisanos en torno a la Virgen, pero no se sabía cómo. Así que se decidió hacer una imagen de la Virgen y poder celebrar una romería. La imagen se fabricó con los materiales empleados en estos casos y con una altura de 1,20 m. El lugar elegido fue la ermita de Sant Vicenç de Jonqueres, en aquellos años casi destruida y restaurada en la actualidad. Se tardaron casi dos años en conseguir todos los permisos necesarios, así que en el primer aniversario, a pesar de tener ya la imagen, no se pudo celebrar la romería y hubo que limitarse a hacer una procesión por el barrio.

En 1983 se formó el cuerpo de Horquilleros, aunque sólo como fórmula ceremonial, ya que son muchos los que quieren llevar a la Virgen.

En 1984 se celebró la primera Romería de la Virgen de Gracia, con el trono ofrecido por los devotos. Al término de la misma se presentó a todos los hermanos y a las autoridades de Archidona (que con motivo de la Romería se desplazan cada año hasta Sabadell) un nuevo proyecto que se quería hacer para el Altar, con el fin de eliminar la cortina, ya que por dos veces consecutivas había estado a punto de quemarse por haber prendido algunas velas.

 Un nuevo altar

El nuevo altar de la Virgen fue obra del mismo artista que pintó el cuadro de la Virgen, José Antonio Galán Vázquez. Constaba de dos paneles pintados al óleo, con fondo azul cielo, arcos de estilo surrealista con dos bloques sólidos y esferas ingrávidas; y de un palio templete sostenido por cuatro columnas, cuya parte superior era una bóveda fabricada en fibra de vidrio adornada con gemas, todo pintado a mano. El presupuesto alcanzaba la suma de 225.000 pesetas, y fue aprobado por unanimidad por la junta directiva de la Cofradía. El altar fue bendecido en junio de 1985 por el párroco Ricardo Olivella.

La mitad de los gastos fueron cubiertos gracias a un donativo ofrecido por la ciudad de Archidona, cuyo alcalde entregó la suma de 60.000 pesetas; y a otra donación de 40.000 pesetas de la Junta Administrativa del Santuario de Archidona, quienes vieron la unión y fraternidad de los archidoneses emigrados.  Por ese año la Cofradía estaba formada por cerca de un centenar de socios, con sus familias. Asimismo, se estrechaban los lazos con las otras Cofradías de la Virgen de Gracia existentes en Archidona, Madrid y Málaga.

 La primera sede

En 1991, con diez años de vida de la Cofradía, era necesario contar con una sede donde celebrar las reuniones y guardar todo el material necesario para la Romería, además del archivo que se había creado desde la llegada de la Virgen.

En esa fecha ya se había cambiado el nombre de Cofradía por el de Hermandad Romera Virgen de Gracia, para facilitar las relaciones con el Ayuntamiento de Sabadell a la hora de organizar la Romería, ya que al llamarnos Cofradía lo atribuían exclusivamente a la iglesia.

El párroco Ricardo Olivella nos propuso habilitar el hueco que había frente a la guardería, en el Pasaje de las Viñas, que era un nido de ratas. La hermandad tenía sus pequeños ahorros gracias a las cuotas de los hermanos, a las rifas y la lotería de Navidad, las limosnas de la Virgen y del lampadario comprado por la Cofradía cuya recaudación el Padre Ricardo cedió a la misma para contribuir a tal fin. Como arquitecto, se contó con la ayuda desinteresada de David Laudo, amigo de José Luis. Y para comenzar la obra se pidió 2.000 pesetas a todos los socios, que estuvieron de acuerdo en pagarlas.

Los obreros fueron Luis Alés, Enrique Justicia, Manolo “El antequerano” y José Luis Gil; como lamparista, el polaco Zbyszek Mucha; y como carpintero Luis Pacheco.

Podría quedar un saloncito de unos 80 m2 con su pequeño escenario y unas escaleras para acceder al piso superior, donde habría, ocupando la mitad de la superficie total, dos pequeños cuartos y dos servicios. Para esta obra serían necesarios unos 3 millones de pesetas. Todos los hermanos cofrades estaban muy contentos, pero los fines de semana siempre eran las mismas manos las que venían a materializar el proyecto.

El 4 de marzo de 1994 se inauguró el local y fue bendecido por el padre Ricardo Olivella. A la celebración asistieron el por entonces alcalde de Sabadell, Antoni Farrés, y otras autoridades de la ciudad.

El padre Ricardo Olivella cedió por escrito el recién habilitado salón para que sea usado por la Hermandad por tiempo limitado, siempre que no interfiera en los horarios y actividades de la parroquia.      

En esos días nos visitó el obispo de la zona, Monseñor Soler Perdigó. Lo vio todo correcto, y al llegar a la barra donde se le ofreció alguna bebida dijo con mucha gracia: “Este es el lugar pecaminoso, ¿verdad?”, lo que arrancó una carcajada tanto al padre Ricardo como a José Luis.

Poco después de la inauguración, se cerró el parking de la iglesia al no llegar a un acuerdo los usuarios que no quisieron hacerse cargo de los 15 millones de pesetas que se necesitaban para la rehabilitación que exigía el ayuntamiento.

En 1996 la parroquia cedió por tiempo ilimitado a la Agrupación de Cofradías de Semana Santa la pequeña capilla que había sido creada para guardar los pasos. Esta capilla se contruyó gracias al esfuerzo de la Agrupación de Cofradías se Semana Santa.

Poco después marchó el padre Ricardo Olivella y llegó el padre Joan Costa Bou, quien se sorprendió agradablemente por cuantas actividades llevaba a cabo la Hermandad en la parroquia.

En 1999 se cedió la sede de la Hermandad a una asociación de personas disminuidas, y tuvieron que llevarse a cabo obras para construir unos lavabos adaptados. Y en el año 2000 se completó el primer piso y se crearon los dos cuartos pequeño y una más grande, donde se montó el museo religioso con diversos objetos que José Luis tenía en casa, piezas compradas o donadas desde varios lugares. El museo fue inaugurado por el padre Santiago González, y los alcaldes de Sabadell y Archidona.

 El gran salón

La Hermandad venía celebrando dos eventos anuales, el Día del Socio y otra comida donde se preparaban platos típicos de Archidona. La comida se preparaba en el antiguo parking, y las mesas se montaban en el salón parroquial, ya que la sede del centro se quedaba pequeña para tales celebraciones. En una de las comidas, en 2003, José Luis le dijo a Manuel Bustos, alcalde de Sabadell, “Con el salón tan hermoso que tenemos ahí, y nosotros así de estrechos…”. A lo que el alcalde respondió: “La próxima comida la haremos allí”.

Él mismo se estuvo moviendo para conseguir una subvención de unos 9.000 eruos, pero al ser el local de la parroquia y considerarse una propiedad privada, no podía concederla. Pero Bustos no quería que sus palabras cayesen en saco roto, y buscó varios colaborados del mundo de la construcción, entre ellos su tío y padrino, Sr. Garrido.

Así que, entre varios empresarios se inició la obra. Habilitar suelo y paredes fue posible gracias a Manuel Bustos, que se movió para conseguirlo por amor a la Virgen sin que para ello saliera ni un céntimo del Ayuntamiento de Sabadell. Luego se abrieron las ventanas, se sanearon las famosas vigas, se hizo el altillo y la cocina, se pusieron las puertas de emergencia y se arregló la de la entrada, y se hizo la instalación de luz y desagües. Todo esto se hizo con un préstamo de los miembros de la junta directiva, que donaron a fondo perdido.

Cuando el padre Juan Benito celebró su 50 aniversario como sacerdote, se le preparó después de la misa una fiesta sorpresa en el nuevo local. Se alegró mucho de ver su sueño cumplido de verlo arreglado, con su gran escenario. José Luis aprovechó para decirle que ahora faltaría construir el campanario y poner las escrituras claras a nombre del obispado y no a su nombre como están.

El día 3 de octubre de 2004, coincidiendo con la celebración del primer Día de Archidona, fue inaugurado el nuevo salón. Fue bendecido por el padre Eduardo Acevedo Martínez, y asistieron los alcaldes de Sabadell, Manuel Bustos, y de Archidona, Manuel Sánchez; además de muchos socios de la cofradía. El padre Eduardo entregó a Alfonso Domínguez y José Luis Gil un documento firmado por él en el que cede el local por tiempo limitado a la Cofradía.

José Luis tomó la palabra y dijo a los presentes que todo esto era así porque la Virgen quería, pues ya en el año 1995 se le pidió a Ella que nos ayudara a poder ver el local del teatro arreglado, y que luego seguiríamos con el campanario, y dijo: “Tened fe, que todo lo que le pidamos Ella nos lo dará”.

 Nuevos hitos y reconocimientos

El buen hacer de la Hermandad ha sido reconocida en varias ocasiones. El 20 de enero de 2007, la Agrupación Andaluza San Sebastián de los Ballesteros entregó a nuestro presidente, Alfonso Domínguez, el Premio Cordobán, que anualmente entregan a aquellas personas, entidades e instituciones que hayan apoyado a la entidad.

Y ya en 2010, la hermandad, en colaboración con la Delegación de la Junta de Andalucía en Catalunya, hizo de anfitriona de la exposición “Blas Infante, un andaluz universal”, que recorría la figura del padre de la Patria Andaluza en el 125 aniversario de su nacimiento. La muestra se pudo visitar en la Biblioteca del Nord de Sabadell, y en su acto de inauguración estuvieron presentes el concejal de cultura del Ayuntamiento de Sabadell, Lluis Monge, el comisario de la exposición, Javier Aroca, y la vicepresidenta del PSC y diputada al Parlament de Catalunya, Manuela de Madre.

 


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